Una de las grandes tendencias musicales de hoy, y que en Chile ha tenido una baja y lenta acogida, es lo que definimos como UK BASS. Este nombre reúne la historia de una música heredada de los movimientos jamaiquinos que se caracterizan por la utilización de sistemas de sonido artesanales, reforzados en sus bajos y por lo general itinerantes.

Con la inmigración generada desde Jamaica al Reino Unido se produce la integración de estos sonidos en todo un movimiento que se extiende por décadas y que proviene de la música Reggae y todos sus derivados, dando paso a la era del Jungle y posteriormente al Drum and Bass.

La exportación cultural de este estilo llegó con gloria y majestad a nuestro continente, quedando sus más fieles exponentes en Brasil, quienes tienen grandes productores y DJ’s a nivel internacional, algunos como DJ Marky, DJ Patife, Level 2 han visitado nuestra capital unas cuantas veces. Imagino que la buena acogida del pueblo carioca a este estilo se debe a su similitud de ritmo con la samba, baile nacional que facilitó su popularidad.

Lamentablemente para los que amamos esta música Chile tuvo un proceso diferente y no con tan grandes resultados y permanencia en el tiempo.

Recuerdo la primera vez que me invitaron a una fiesta de Metalheadz, en el club londinense The Blue Note, un día Domingo en la tarde. Mi primera reacción fue salir corriendo de miedo, ya que los bajos eran tan profundos que mi cuerpo temblaba y sentía que se me iba a salir el corazón. Cual inocente paloma y sin saber nada de esta escena me tocó participar de los primeros encuentros de los que serían los precursores y creadores de este género. Goldie, Kemistry & Storm (las primeras chicas dj’s que vì en mi vida) Groove Rider y me imagino muchos más que nunca identifiqué, se lucían esas noche en las tornamesas y en el micrófono improvisando letras y poesía que pronto quedarían plasmadas en el gran sello Metalheadz que comercializó este género a nivel mundial.

Desde aquí nace una escena gigante que hasta hoy sigue rompiéndola en las frías noches de la Gran Bretaña y en toda Europa, pero que no surgió en Santiago como muchos esperamos. Al contrario, luego de un gran lanzamiento a finales de los años 90 que prometía expansión, glamour, y un verdadero espíritu underground , la familia se volvió exclusiva, cero masividad, cero auspicios y dio a sus representantes la ardua tarea de promoción con recursos personales y por sobre todo la pasión que nos mueve día a día.

Esto no quiere decir que no hay escena en Chile, al contrario hay muchos grandes exponentes y productores y excelente material 100% chileno, pero no ha sido fácil, no estamos dentro de una fuerte presencia en el ámbito electrónico, y sólo las ramas más duras del drum and bass han logrado insertarse en raves y fiestas masivas de música Tech.

Hay muchos colectivos que siguen dando la batalla, cada vez más convencidos que Chile no es país de bajos profundos y ritmos quebrados, sin embargo, esta nueva forma de jazz (como se le ha catalogado) es más que una tendencia, es una forma de vida, es algo muy profundo y alternativo y esperamos poder en un futuro cercano entrar en las radios y en los oídos del pueblo de una manera amable y con toda la delicadeza del líquido a través de las rocas.

Este río seguirá fluyendo al gran océano musical que nos une, sin importar las corrientes adversas, seguiremos siendo una gran familia DnB.