RESISTENCIA EVOLUTIVA

Miguel Conejeros es una figura imprescindible para comprender el devenir de la música chilena de los últimos treinta años. Miembro fundador de una de las bandas más importantes del punk chileno, Pinochet Boys; tecladista del inclasificable grupo de rock Parkinson, mutó a fines de la década de los noventa hacia su proyecto más duradero hasta la fecha, y acaso el más cercano a su forma de entender la música: Fiat600.  Conejeros recibió a La Torna Magazine una cálida tarde de fines de septiembre y habló de su visión de la música electrónica en Chile, de los proyectos musicales que lo tienen ocupado por estos días (entre ellos un documental a estrenarse en el Festival In-Edit), y como bonus track, nos contó de sus gustos personales en materia musical, literaria y cinéfila.

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¿En qué andas ocupado por estos días?

Bueno, como primera cosa les puedo contar que a mediados de octubre voy a publicar por el sello Pueblo Nuevo un trabajo titulado tituladoDos puertas y un puente para una banda sonora”que surgió a partir de un proyecto que hice en conjunto con el artista Rodrigo Vergara en la galería MICH (Museo Internacional de Chile). 

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 ¿En qué consistió tu trabajo en esa instalación?

Básicamente fui con una grabadora a su estudio y registré todos los sonidos que sucedían mientras Rodrigo Vergara construía sus esculturas en el taller. Luego con esos mismos sonidos, construí la banda sonora en frecuencia 5.1, esto es, con una mezcla independiente para cada parlante, lo que creó un efecto diferencial de inmersión sonora y sensorial para el asistente que recorría la sala.

¿Tienes algún otro proyecto en carpeta?

Estoy terminando un documental ficción que hice con Pablo Mellado que fue mi socio en el proyecto Bipolar (dúo de música electrónica que crearon cuando ambos vivían en Barcelona). Lo que pasa es que formé parte de un proyecto por encargo para el museo de Arte Moderno de Chiloé titulado Kafküdengun, que fue la la banda sonora para una instalación que se presentó en la muestra anual del museo. El proceso de grabación de la pieza se articuló en base a los registros que hicimos en la isla, y partir de eso creamos en conjunto una road movie. La película se está terminando de editar y ya quedamos seleccionados para el festival In-Edit 2016.

¿Cómo funciona la cocina interna de tu trabajo diario?

Básicamente vengo a trabajar al estudio todos los días y me la paso tomando apuntes con las máquinas de todas las cosas que me interesan. Siempre estoy creando música nueva, aparte, por supuesto, de los pedidos que me llegan por encargo como remixes o colaboraciones.

¿Y dónde estás tocando con tu proyecto Fiat 600?

Últimamente he tocado menos porque no hay muchos lugares donde hacerlo. Yo volví a Chile el 2013 , después de vivir trece años en Barcelona, y en este tiempo ya he tocado en todos los lugares posibles de Santiago.

¿Cómo ves la escena electrónica nacional?

No lo tengo tan claro, sobre todo porque me parece complejo hablar de una escena electrónica en Chile cuando el nivel de profesionalismo es tan precario. Lo que si rescato es el altísimo nivel de los artistas y sellos que están creando música electrónica en el país. En síntesis, mi diagnóstico es que la música electrónica en Chile ha crecido muy favorablemente en cuanto a lo que la gente está haciendo, pero no así en materia de la organización, sonido e infraestructura de los clubes y promotores de la música electrónica. Lo mejor son las fiestas y eventos que están generando algunos sellos independientes y dj’s locales.

Es cierto, hasta cierto punto se podría decir que los músicos actualmente están haciendo todo: el diseño, la promoción y un largo etcétera.

Claro, prácticamente todo la pega la llevan a cabo los propios músicos, lo cual, en rigor no es malo, pero sigo creyendo que debería existir un trabajo que le corresponde exclusivamente a los clubes y promotores.

¿Fuiste al festival Sonar el 2016 realizado en Santiago?

No fui. Yo toqué en el Sonar de Barcelona el año 2001, que de hecho fué la primera vez que un chileno tocaba allí. El año pasado me invitaron a tocar a un par de festivales como el Ultra-Music  y Misteryland Chile, pero aunque estaba en el cartel me fue imposible ir porque estaba profundamente en desacuerdo con el trato que le dieron a los músicos chilenos. Lo que pasa es que generalmente cuando montan estos grandes conciertos traen carteles muy malos, con músicos extranjeros de bajo nivel, y a los artistas nacionales se les trata pésimo y eso me parece lamentable. En algún momento mi nombre figuró en el cartel de algún festival, pero finalmente me terminé bajando porque no estuve de acuerdo con las condiciones.

Vimos unas fotos del escenario dispuesto para los artistas chilenos en el festival Ultra y era indigno.

Totalmente. Una verguenza. A mí me parece una falta de respeto. Es como si un extranjero viniera de visita a tu casa y tú temináras durmiendo en el sillón del living. No tiene sentido.

Pasando a otros tema. ¿Qué te parece lo que ha sucedido con la digitalización de la música y cómo crees que eso ha influido en los software de producción musical. En pocas palabras: ¿Cómo te llegó a tí ese cambio?

Primero quiero aclarar que yo sigo usando hardware para componer música. Lo que pasa es que para mí no es importante si el soporte es digital o análogo porque estamos hablando de herramientas. Y esas herramientas son las que uno utiliza para expresar lo que piensas, sientes y quieres comunicar. Las maquinas no suenan solas. Un ejemplo: a mí me tiene sin cuidado la polémica si el dj debe ser digital o trabajar con vinilos. Yo toco con hardware porque me gusta y me acomoda, pero yo he visto a personas tocar con un laptop y crear una música increíble. Tampoco me interesa la pirotecnia. Considero que la música electrónica es una expresión artística que está mucho más ligada a la sensibilidad que a la destreza técnica. Pero retomando la pregunta creo que, si vamos al fondo de asunto, podemos concluir que hasta la banda más rockera del mundo trabaja actualmente con Pro Tools. Salvo contadas excepciones por supuesto. Por eso yo nunca me cierro a nada ni voy por la vida de purista. Siempre he creado música con los materiales que he tenido a mano, desde la época de Los Pinochet Boys, cuando trabajábamos con cadenas y tarros, hasta mis proyectos más recientes donde he trabajado con software más sofisticados y con hardware de última generación.

Y con respecto al tema de la distribución. ¿Cómo ves esa evolución?

Ahí me parece que se genera algo más interesante porque se ha producido una horizontalidad donde mucha gente puede mostrar su trabajo y llegar a un mayor público de una manera más expedita. Hoy en día puedes colgar los temas en Youtube o en las distintas plataformas disponibles en Internet y llegas a más público. Antiguamente las opciones eran dos: tocabas en vivo o grababas un disco. Me parece que el panorama actual es alentador y creo que eso ha contribuido a democratizar el quehacer musical.

Yendo a un plano más personal. ¿Qué música escuchas un día cualquiera?

La verdad es que yo siempre he sido un melómano así que escucho muchísima música y muy variada. Un arco temático que va desde Nick Drake y Los Ángeles Negros hasta el techno más oscuro, el drone ambient y el pop. Les diría que yo hago música electrónica,porque es la herramienta con la cual mejor me expreso, pero no me podría encasillar en un solo estilo. A mi interesa el eclectisismo y por eso adscribo totalmente a la frase de Brian Ferry: “Hay dos tipos de música: la música lenta y la rápida”.

¿Y qué tipo de dj’s te interesan?

A mí me gustan los dj’s que tienen cultura musical. No me interesa que solo sepan pinchar con una técnica de puta madre sino que me importa que sean capaces de seleccionar bien la música. O sea: ¿Qué significa es ser un buen dj? Para mí el buen dj es el que sabe leer la pista, la situación y el contexto en donde está tocando. Se trata más bien de una cuestión de criterio antes que de competencias técnicas. Nunca me han interesado los Globe Trotters de la música.

¿Fuiste a algún concierto este año?

Me perdí PIL y Swans, pero pretendo repetirme el plato este año con Kraftwerk. Siempre es bueno verlos en vivo.

 ¿Y qué estás leyendo?

Por estos días estoy leyendo ”Qué Vergüenza” de Paulina Flores y también ”La Historia secreta del Disco” de Peter Shapiro. El libro de Shapiro me interesa mucho porque la música disco está directamente relacionada con los procesos de producción que se mantienen hasta el día de hoy y que han contribuido decisivamente a la evolución de la música moderna. Creo que el legado de la música disco es mucho más potente que un simple ejercicio de hedonismo,  y su influencia cubre un amplio espectro que va desde el sonido de Chicago hasta la música pop.

¿Puedes hacernos alguna recomendación en materia de cine?

Me gustó mucho Ex Machina. También recomiendo Under The Skin que cuenta con una banda de sonido alucinante a cargo de Mica Levi. Ah, y me gustó mucho la nueva versión de Macbeth de Justin Kurzel porque tiene una puesta en escena formidable.

Última pregunta. Tomando en cuenta tu derrotero musical resulta evidente que para tí es fundamental ir evolucionando y no quedarse pegado en el pasado. ¿Cómo lo ves tu?

Siempre he pensado que uno de los síntomas más evidentes de que los huevones se está poniendo viejos es cuando dicen: “Ya no se hacen las cosas como antes”. Es decir, está todo bien, no tengo mayores problemas con que escuchemos de vez en cuando a Led Zeppelin, pero lo que no se te puede acabar es el hambre de curiosidad y conocimiento. Personalmente creo que tengo una verdadera pulsión por conocer cosas nuevas,  y por eso siempre he descartado la posibilidad de reunirme con los grupos antiguos con los cuales he tocado. Yo siempre voy hacia adelante. Quedarse pegado me parece una pérdida de tiempo imperdonable.

Por Andrés Lira y Daniel Rozas

Fotografía : Alejandro Vidal y Andrés Lira